FALLECIMIENTO DEL PA’I
JUAN ANTONIO DE LA VEGA SJ

ABOGADO JESUITA AL SERVICIO DE LOS PRESOS DE TACUMBU

Juan Antonio De la Vega Elorza nació en Madrid, España, el 19 de octubre de 1922, antes de terminar su carrera de abogado entró al Noviciado de los jesuitas a los 20 años, hizo sus estudios de filosofía y teología y se ordena sacerdote en 1957.
Vino como misionero al Perú, donde terminó su carrera de abogado en Arequipa y empezó su servicio en las cárceles. Pasó al Paraguay en el año 1977, durante estos años sus tareas principales han sido la docencia universitaria y el servicio a los presos de Tacumbú, en donde desarrolló su misión sacerdotal, así como en las parroquias de San Rafael, Nazaret y Cristo Rey, en Asunción, y en la Inmaculada, de Encarnación.
En el año 1988 fue expulsado del país por el gobierno de Stroessner, por haber organizado con estudiantes universitarios unas conferencias sobre la Teología de la liberación. A la caída de la dictadura regresó para seguir con sus tareas pastorales y fue repuesto como capellán de la Universidad Católica y el Penal de Tacumbú.
Colaboró con artículos y publicaciones en la Revista Acción y en periódicos locales, daba retiros espirituales a jóvenes y adultos, como abogado fue miembro y juez de tribunales eclesiásticos, de Asunción y de Ciudad del Este.
A contrapelo de la solemnidad de su presencia el P. Juan Antonio se caracterizó por su proverbial sentido del humor, era un gran animador de las veladas carcelarias, y de los encuentros de los religiosos y jesuitas, con sus artes y trucos de mago y sus famosos chistes que contaba para deleite del público.
Vivió en Cristo Rey en los últimos años, sirviendo en la parroquia, atendiendo a las causas de los presos y ayudando a sus familiares, sin dejar de ir a la cárcel, contra viento y marea.  Desde agosto pasado con la salud quebrantada por el peso de la edad y por su incesante labor, fue internado en la enfermería de los jesuitas, desde donde partió para alcanzar la promesa de entrar en el Reino del Padre, preparado para los que dedican su vida al servicio de los presos y de los pobres. 
Sus restos fueron velados, a la mañana en el templo de la Iglesia de Cristo Rey. De 14:00 a 17:00 horas de la tarde estuvieron en el templo de las Mercedes, del Penal de Tacumbú, luego nuevamente en Cristo Rey. La misa de cuerpo presente ser realizó el jueves 8 a las 8:00 horas de la mañana, de donde se salió para el sepelio rumbo al cementerio de los jesuitas, en el Centro Santos Mártires de la ciudad de Limpio (Km. 22,5).
 

Homilía de la misa de cuerpo presente, Iglesia de Cristo Rey, 8 de octubre de 2009.

Gracias Señor por la vida del joven Juan Antonio, que nos ha dado tanto…

Gracias por el joven estudiante de derecho en la universidad de Madrid que escucho tu llamada a hacerse jesuita y no dudo en responderte con entusiasmo, entrando con sus 20 años al Noviciado, dejando atrás tal vez un promisorio futuro de abogado en la capital…
Gracias por sus años de formación y estudio de filosofía y teología, ese empeño joven de los universitarios que tanto calo en su corazón, ese ambiente de sueño y de futuro que lo hizo amar y dedicar sus días a la docencia y al acompañamiento de tantos jóvenes estudiantes en aulas y corredores, en charlas personales y en confesiones, en celebraciones, retiros y jornadas de reflexión y estudio, en la Pastoral universitaria…

Gracias Señor por la vida del misionero Juan Antonio, que nos ha dado tanto…

Gracias por el joven sacerdote que luego de ordenarse en su patria, respondió generosamente a tu nueva llamada a dejar su país, su familia, sus amigos y compañeros y se abrió a un horizonte mayor, viniendo como misionero a América, al Perú y luego al Paraguay, confiado en tu mano que lo guía.
Gracias porque entendió que no hay fronteras ni países para un seguidor de Cristo, que el mundo era su casa y todos los hombres y mujeres eran su familia, sus hermanos y sus hermanas.
Gracias por esa visión solidaria y fraterna que nos mostró, enseñándonos a no encerrarnos en los estrechos limites de nuestra tierra, nuestro valle, invitándonos a abrirnos al encuentro con los hermanos mas allá de las fronteras, a construir vínculos fraternos en base a la confianza y el amor, al dialogo y a las iniciativas compartidas, a la fe que busca la justicia, a los proyectos y los sueños construidos en común.
Gracias porque se hizo uno de nosotros, y porque se hizo nuestro hermano.

Gracias Señor por la vida del abogado de pobres, que nos ha dado tanto…

Gracias por sus años en Arequipa, en el Perú, donde termino sus estudios de derecho y se recibió de abogado, donde desarrollo un fecundo trabajo en la cárcel local.
Gracias porque entendió que su sacerdocio no se oponía al saber, al estudio, a la investigación, a la formación seria, sino que se ampliaba y crecía hacia el mundo, hacia las complejas realidades del campo del derecho, al que busco comprender, interpretar, y dar respuestas coherentes con su fe cristiana.
Gracias porque entendió y nos mostró que una profesión tan noble puede ser una herramienta de servicio para sanar, reivindicar, acompañar y reintegrar a quienes son señalados por la sociedad como seres despreciables, indignos de ninguna contemplación. Gracias porque nos mostró que ser abogado no era un arma para herir, acusar y aplastar, o un medio para lucrar haciendo leña de árboles caídos.
Gracias porque vivió su profesión como misión de servicio, se hizo puente entre el marginado por sus delitos y su familia, entre el preso y los abogados, entre el mundo de la cárcel y los jóvenes universitarios a quienes llevaba al penal, entre el ignorante de sus suerte y las montañas de expedientes incomprensibles que el tenia que traducir, entre quien no es mas que un numero para la burocracia y el continuo ir y venir de las cortes de justicia a la cárcel y de la cárcel a las cortes, para reflejar rayitos de esperanza y abrir una grieta de luz en el oscuro futuro de sus presos, se hizo puente de paz entre el mundo de los guardia cárceles y funcionarios y el trajín afiebrado de los hacinados pabellones. 
Gracias porque nos enseño que la justicia debe siempre ir unida a la compasión, y que no hay justicia completa sin misericordia.
Gracias porque acompaño a tantas parejas en dificultades en los tribunales eclesiásticos, buscando salidas y caminos de reconciliación, de convivencia pacifica, de dejar paz en las conciencias en medio de dolorosas rupturas. 

Gracias Señor por la vida del profesor Juan Antonio, que nos ha dado tanto…

Gracias porque ha unido en su día a día los corredores y la docencia de la ética y la pastoral universitaria con la dura realidad de los márgenes de nuestra sociedad.
Gracias porque nos mostró que una universidad, donde la sociedad forma a sus mejores hijos, nunca puede ser una capsula encerrada en si misma, una fotocopiadora de títulos de papel mojado, sino que una universidad solo tiene sentido en la medida en que se enfrenta, mira, analiza, reflexiona a partir de las heridas de la gente, en la medida en que se aproxima con su ciencia allí donde nuestra sociedad, donde nuestro país esta roto y hace agua por todas partes, para recomponer, servir, sanar, restaurar, trazar proyectos y construir futuro allí donde no hay esperanza.
Gracias porque nos enseño que el saber y la ciencia no son apenas un discurso para aprenderse de memoria, salvar el examen y defender una tesis que se guardara en un estante, sino que son herramientas para cambiar y transformar una realidad sufriente, para abrirle futuro y darle confianza a la gente…

Gracias Señor por el defensor de reos pobres, que ha sido un Padre para tantos…

Gracias por tantas celebraciones, predicaciones, últimamente sentado y arrastrando los pies, pero al lado de sus presos hasta cuando le dieron las fuerzas…
Gracias por el aprecio que siempre ha tenido por los ciudadanos de Tacumbu, porque ha visto siempre al hombre, a la persona con su historia, porque creyó en cada uno, porque se esforzó por acompañarles hacia un futuro difícil, pero posible…
Gracias porque trataba a cada uno como persona y se gano su confianza y amistad, gracias porque se volvió un cachivachero que juntaba en los corredores de la casa cuanto podía ser útil para aliviar a sus amigos, y cargaba con sus víveres y regalitos para llevar aunque mas no sea un aire de consuelo en sus misas y sus sorteos de los miércoles en la Iglesia de las Mercedes…

Gracias Señor por el mago y humorista Juan Antonio, que nos hizo reír tanto…

Gracias por su sentido del humor, por sus artes y trucos de magia que tanto nos alegraron en tantas jornadas, fiestas y encuentros, gracias por sus inolvidables chistes, siempre los mismos, pero siempre tan buenos y siempre haciendo saltar en nosotros la espontánea risa y la carcajada.

Gracias Señor por la vida de nuestro Padre Juan Antonio De la Vega, joven universitario, sacerdote jesuita de cuerpo entero, misionero, abogado, mago y humorista, profesor, defensor de reos pobres… que nos ha dado tanto…
Amén.