SAN IGNACIO DE LOYOLA

Nace en el Castillo de Loyola en Azpeitia, en 1491, un año antes de que Cristóbal
Colón ponga sus pies en la costa de América, en un pueblo del País Vasco de España.
Estuvo entregado hasta los 26 años a las vanidades del mundo, sirviendo en la Corte
a diversos señores, buscando alcanzar un alto puesto.
En 1521 en Pamplona, en batalla contra los franceses, una bala de cañón destroza su pierna y sus sueños de grandeza, y lo derriba convaleciente en su casa de Loyola.
Leyendo vidas de santos, descubre las hazañas de otros grandes. En este nuevo campo de batalla se convierte en un peregrino pobre y vive una experiencia espiritual cuya esencia consignó en el libro de los Ejercicios Espirituales. En 1523 viaja a Tierra Santa deseando vivir como Cristo.
Le prohíben quedarse en la Tierra Santa y vuelve a Europa sin saber qué hacer. Estudia en Alcalá y forma su primer grupo de compañeros, padece las persecuciones e incomprensiones de la Inquisición, es apresado, juzgado y absuelto, culmina sus estudios de Filosofía y Teología.
Como maestro en el seguimiento de Jesucristo y especialmente con sus Ejercicios Espirituales, tiene un gran influjo entre los compañeros de estudio y va formando entre los estudiantes universitarios un grupo al que él mismo llama de “Amigos en el Señor”.
Graduados, los compañeros se comprometen en 1537 a ir a Jerusalén a vivir como compañeros de Jesús.
Ignacio se ordena de sacerdote en Venecia en 1537, y ante la imposibilidad de ir a Jerusalén, se dirige a Roma con sus compañeros. Ahí se funda la Compañía de Jesús. Ignacio es elegido Superior General de la Compañía y se dedica a consolidar la organización y la expansión de este cuerpo que se dispone a “servir solo al Señor y a la Iglesia”.
Ignacio murió en Roma en el año 1556, pero su espiritualidad y su influencia en la iglesia continúa viva y actual.

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